UBICACIÓN: Zafra de Záncara, Cuenca ESTUDIO: Canobardin Arquitectura TIPO DE PROYECTO: Vivienda unifamiliar pasiva SUPERFICIE: 230 m² FOTOGRAFÍA: Mónica de La Mora VIDEO: Sandwich Studio
Arquitectura arraigada a la tierra.
Entre campos de cereal, encinas y almendros, esta casa de campo se asienta en el paisaje de Zafra de Záncara (Cuenca) como si siempre hubiera formado parte de él.
El proyecto del estudio Canobardin recupera algunos de los principios de la arquitectura tradicional manchega y los traslada a una vivienda sostenible y respetuosa con lo local.
Muros de gran presencia, patios resguardados, recorridos exteriores protegidos y una cuidada selección de materiales, dan forma a una casa pensada para convivir con el entorno y aprovechar todo lo que este ofrece.
Esta mirada vinculada a lo local y a los recursos de cercanía también estuvo presente durante la construcción, ya que fue desarrollada junto a profesionales y gremios locales. Un ejercicio de coherencia que pone en valor el conocimiento y el oficio del entorno, y una vía para que buena parte del valor generado por el proyecto permaneciera a pocos kilómetros de donde se levantó la vivienda.
Una vivienda sostenible, vinculada a lo local y a los recursos de cercanía.
Una vivienda que mira al campo.
Espacios abiertos al paisaje.
Desde el porche, las vistas se extienden sobre la finca agrícola que rodea la casa. Un espacio concebido para alargar las comidas, recibir visitas o disfrutar de las últimas horas de luz mientras el paisaje cambia de color con el avance del día.
Los muebles de LUFE acompañan esta manera pausada de vivir el exterior, encajando con naturalidad en una arquitectura donde la sencillez de los materiales cobra protagonismo.
En el interior, la vivienda combina amplitud y calidez a través de materiales naturales y una paleta serena inspirada en los colores del entorno. La cocina reúne a familia y amigos alrededor de la madera natural, mientras que el salón ofrece un ambiente tranquilo donde cada elemento encuentra su lugar sin sobrecargar el espacio.
Madera de verdad y luz natural, forman parte de un todo.
El dormitorio compartido responde a una lógica práctica y versátil. La litera, las estanterías y los muebles de almacenaje de madera sostenible ayudan a organizar el espacio y permiten que las habitaciones evolucionen con quienes las habitan, adaptándose al paso del tiempo.
Esta casa de campo es el resultado de una forma de entender la arquitectura ligada al entorno, a los recursos disponibles y a una manera de vivir más relajada y consciente. Un refugio contemporáneo que respeta la herencia del territorio donde la arquitectura, los materiales y el paisaje comparten un mismo lenguaje.